€ditorial
Nada cambió, todo se mantuvo.
Así parece que fueron pasando los meses, en un escenario económico que buscó no ser perturbado por la constante dinámica de consumo y gasto artificial. La realidad del mundo económico nos mostró que la falacia del salario era la herramienta de control ante un sistema que sigue dando señales de colapso, pero que se niega al quiebre total.
La inflación sigue haciendo muchos estragos en nuestra cotidianidad social, aunque los datos del Banco Central Europeo detallan que la inflación en la eurozona se ha reducido, con perspectivas de baja al 2026. Esta realidad no es similar en la economía española, marcada por un Estado de malestar en el que no se trabaja y se reciben ayudas.
No hay picos estimables de crecimiento, aunque el crecimiento mundial está por encima de los índices estimados (un crecimiento estimado promedio del 3%).
La lucha constante por el desempleo sigue siendo el objetivo político de los factores de poder, ellos que venden sus tasas como la estrategia captora de votos; sigue indicando que la política keynesiana de gasto y bajos índices de desempleo es el enclave total para una economía que no se siente en evolución.
Los datos presentados por los maestros de engaño hacen creer que estamos en presencia de una sociedad más igualitaria y justa, una sociedad creciente y una economía más equitativa.
Todos están preparados para las votaciones; el mundo silenciosamente es un océano de posibilidades que no se detiene; en él, la manipulación y el control siguen haciendo mella en la realidad del poder adquisitivo. Un consumo que es más precario, un sistema social que cada día es más deficiente, la destrucción paulatina del autónomo emprendedor, la miseria de las ayudas que multiplica la pobreza de manera excepcional, los resúmenes migratorios que hacen de las sociedades un marco conceptual de luchas ideológicas. Nada cambia si no se produce, este año de esteroides puede ser una panacea de lo irreal y el inicio de un sistema que viene posicionándose desde hace varios años. El temor colectivo por el futuro pasa a ser un colectivo hedonista de ser para estar y vivir el hoy porque el mañana es incierto.
No hay grandes noticias en el ámbito del crecimiento económico o la innovación; la creciente forma de comunicación nos ha llevado a nuevas formas de producir.
Seguimos creyendo en un crecimiento real y sostenido; seguimos añorando la libertad económica.



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