1994-BANCA-ROTA-VZLA
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Otro crac nos hace recordar la fragilidad de un sistema que nos trata como estúpidos, un sistema que no estaba preparado para los estragos de una nefasta década. Las consecuencias de esos daños se hicieron evidentes cuatro años después, cuando el comunismo, que era común en ese momento, esperó a que aparecieran los problemas de un sistema basado en la especulación y la abundancia falsa, lo que llevó a la miseria y el desastre en el futuro de una nación que podría haber sido poderosa.
Las prostitutas del Caribe seguían tejiendo la oportunidad de adentrarse a un sistema que, a pesar de todo, les resultaba esquivo. Los cuarteles resonaban los llamados de una crisis que fue cimentando un quinquenio antes el escenario que vislumbraba. La incompetencia y traición de un demagogo andino y la senil actividad de un jurista destinado al fracaso tragó como premio al monstruo que terminaría por acabar todo.
¡Aquí estamos y aquí seguimos! Fue el argumento de otra herramienta con apellido de destrucción que se mostraba indolente ante la desesperación de un pueblo; el sistema, como es recurrente en este tipo de escenario, ya venía dando señales: un latino que cayó primero, mostrando la fragilidad del sistema, la complicidad de un metropolitano que vendía publicidad de altos intereses, la falta de profesionalismo de un progreso y un principal que eran muy pequeños para llamar la atención y el golpe moral de una Venezuela que veía manchar su nombre. Sin duda, fue la oportunidad para que un aprendiz de negocios se graduara producto del desastre.
El fondo de garantías se desnudaba en su gran incompetencia y las fuerzas del mal del comunismo se frotaban las manos porque se venía gestando la oportunidad de fungir como un mesías ante un sistema que se veía roto; incluso creo que implosionó desde adentro.
El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional ya nos habían invitado a su fórmula en forma de panacea; el coste político fue bestial. Incluso hoy todavía se sufren las secuelas de una serie de errores marcados para siempre.
La estimación de pérdida de esta payasada se traduce a 12 mil millones de dólares, lo que equivalía aproximadamente a un 25% del PIB nacional.
econ. Víctor Pérez



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