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No es deporte, es negocio…

La disciplina deportiva funge como una necesidad de abstracción social a las sociedades, en ese apartado, el futbol se posiciona como el deporte rey es las escalas de prácticas globales, estimándose unos ingresos promedios anuales de aproximadamente 55 mil millones de euros, seguido por la práctica del futbol americano (18,4 mil millones de euros) y en tercera escala el Beisbol y Baloncesto con un aproximado de 9,2 mil millones de euros.

El futbol es un deporte de masas y las masas son el potencial cautivo para el consumo, es por esta razón, que incluso los distintos sistemas económicos no afectan la práctica del futbol y su comercialización como una forma de liquidez en la interacción con sus fanáticos.

Las distinta competiciones manejan grandes sumas de dinero a fin de promocionar la competencia deportiva y generar grandes ingresos provenientes del maravilloso patrocinio deportivo, en ese sentido, las empresas promotoras ven masificadas sus marcas ante la representación de la competitividad que va inyectando al consumidor el control del “derecho al elegir”. Pero esto solo no va a los entes que van regulando el desempeño de las competiciones deportivas, los Equipos que son el alma de la actividad, llevan a una escala superior dicho patrocinio; desde estampar su camisita con toda la mayor cantidad de sponsor hasta vender el nombramiento de su estadio para la vinculación con el patrocinante. No se trata solo de competir deportivamente hablando, se trata de todo el establecimiento de un sistema de mercado que facilite el manejo del mercado a los derechos de marca deportiva.

Ya ese romanticismo de otrora, del deporte como una actividad vinculada al desempeño deportivo, transportó su objetivo principal al mejor marketing de un vinculo social que vende y mucho a los distintos agentes de la economía. Luego entras los protagonistas de la acción, los futbolistas, los cuales pasaron a ser superestrellas sociales que no solo son manejados por su talento deportivo, sino por su capacidad para vender el mayor numero de camisetas posibles, ya no hay lealtades a un equipo, ya no hay vinculo que ate al profesional con el escudo, ya el mercado saudí e inglés nos recuerdan que el poderío del dinero acabó con el sentido del ser.

Un equipo italiano ya casi no cuenta con italianos en sus filas, los escenarios de competiciones pasan a ser una subasta al mejor postor y es que si lo vemos de forma objetiva, el futbol es la materialización mas visceral del neoliberalismo económico, en tal sentido, el deporte rey pasa a ser un dictador de un sistema que para poder acceder a su consumo, hoy debes pagar a la suscripción por cable privada para gritar un añorado y liberador gol.

econ. Víctor Pérez




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