€$TADO $OCIAL
€$TADO $OCIAL
La mayor suma de felicidad
posible, el Estado del Bienestar; una utopía de una sociedad equitativa (no me
gusta el termino igualitario), que conlleva a humanizar en los distintos factores
de las necesidades básicas del individuo a cada uno de sus ciudadanos. No hay
camino para la felicidad, porque la felicidad es el camino que está enmarcado
por la dignidad de quienes hacen de la repartición de riqueza un juego de
monopolio que se aleja del sentido pleno de un Homo Economicus.
La fortaleza de la inversión en
la sociedad puede estar mal distribuida por un gasto excesivamente suntuoso y
sin sentido, ese gasto que no fomenta el aparato productivo de la sociedad, no
necesariamente es un aliciente al crecimiento de la sociedad, estos en grandes
escenarios de tiempo suelen ser una compresa de agua que solo genera la
mediocridad del entorno productivo, a saber, el gasto social bajo la realidad
actual de los pseudo Estados de bienestar, solo son una dependencia proselitista
de una incapacidad gerencial de canalizar los recursos a la mejor forma de
producción social.
El gasto desmesura que han
generado esa dosis exagerada de hedonismo comunista, hacen del vulgo, un
prisionero eterno de una mentalidad generalizada de pobreza que solo va
enlazando la cicatriz de un círculo vicioso de la pobreza, en una rueda de hámster
que solo es carente de la reflexión de la productividad humana.
El propósito de la publicación no
radica en el cuestionamiento de la inversión social (solo si esa inversión no se
convierte en gasto), sino al contrario, busca fomentar que una vez establecidas
la bases de una dignidad social meritoria, el individuo (ciudadano) debe estar
en la responsabilidad de gestionar esa inversión del Estado en la generación de
mecanismos personales para la generación de resultados cuantificables.
El Estado Social, solo es útil si
el mediano y largo plazo sus beneficiarios pasan de ser las victimas a los
agentes dignos de la realidad productiva, es decir, la transformación del hombre
económico, en un agente útil, generador de riqueza, evitando asi la transformación
de dicha inversión en un gasto irrelevante a la productividad del Estado mismo;
pero esto es una utopía eterna, porque la cualificación de facultades no está
siendo supeditada a la calidad de la productividad, sino a la cifra estadística
que genera el mantenimiento de la pobreza.
econ. Víctor Pérez



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