CUANDO ERAS COMUNISTA
Cuando eras comunista, no servías para nada. Mis ideas y las tuyas eran
vagas interpretaciones de una receta impuesta que, llenas de cucarachas, solo
te hacían pretender que el mundo se solucionaría a través de la generación
espontánea. No había ningún atisbo de necesidad de construir un camino hacia el
progreso, porque la necesidad de sustento era manifestada por la ideología de
un mentiroso, que solo establecía su falacia para apoderarse de las grandes
riquezas del erario.
Cuando eras comunista, ni siquiera aseabas tu espíritu. La plenitud del
ser era un hedonismo vacío, que solo me llevó a la creencia de que los recursos
eran repartidos por la voluntad del gran maestro. Pero ¿por qué debía hablar de
riqueza si no producía nada? Siendo un parásito de la sociedad, solo consumía
los recursos de una productividad que pertenece a aquellos que venden su tiempo
para darnos algo de protección a mí y a los míos. Cuando era comunista, me
creía dueño de la verdad, y con ello fui minando mi capacidad de pensar. Las
palabras cliché fueron gran parte de mi limitado vocabulario, y, sin darme
cuenta, tus ideas no eran mías, sino la interpretación del camarada que hablaba
de igualdad bajo sus privilegios como líder exquisito.
Cuando eras comunista, fuiste Karl Marx. Eso sí, nunca dejaste de
consumir y apropiarte del sistema. Aprovechabas cada oportunidad para sacar
provecho de la necesidad total de miseria. Dar lástima te llevó a un círculo
vicioso de pobreza, y los rendimientos de tu "crecimiento" solo
fueron una utopía de un estado personal muy parecido a la esclavitud.
Cuando fuimos comunistas, nos apoyamos en la fe, una fe visceral que solo
se alimenta de la necesidad de un enemigo, porque el concepto de comunismo es
tan irreal que resulta atractivo para la necesidad de sentirte parte de algo.
Esa forma inmadura de necesitar una contra a tu sistema para darle sentido a
las sombras de tu alma.
Sus ideales son hechizantes y su paciencia, asombrosa, porque el camino
comunista solo responde a la necesidad personal de no sentirse tan miserable.
Igualdad ante la carencia de capacidades, la mediocridad como herramienta del
miedo a quien hoy se protege en un aparato improductivo de subvenciones. El
sueño comunista no conoce las bases teóricas de lo mismo que profesa, y, con
ello, este comunismo es un esteroide de ideas que son inyectadas en una
sociedad cada vez más carente de cerebro.
Cuando ves al comunista, no lo escuchas hablar de su producción, sino de
cómo apropiarse del logro ajeno y repartirlo de forma equitativa. Habla del
estado como un enemigo, pero depende netamente de él para darle sentido a su
patética existencia. Se vuelve una moda de género que rompe con la oración de
la comunicación, regresando al estado primitivo y plagando de miseria y hambre
todo lo que toca.
¿Entonces, por qué atrae tanto tu idea comunista? Volvemos a la necesidad
del individuo de sentirse esclavo de las ideas. Si bien su estrategia radica en
exteriorizar un mundo de igualdad y libre pensamiento, la represión de su
práctica es un fracaso total en la manera en que cada uno ejecuta el sentido
pleno del ser comunista.
Marx, Lenin, Moro… cualquiera que escriba que el mundo debe ser más
igualitario por la necesidad implícita de establecimiento social, la
cualificación intelectual y la capacidad física quedan en el olvido, pues la
imposición de la idea prevalece por encima de la forma.
El hambre se va maximizando cada día, porque, con ella, no hay sentido a
otra práctica que no sea la lucha. El discurso es el mismo: la explotación del
hombre por la mano del hombre, el proletariado, la intervención estatal e
incluso el cuestionamiento religioso de un Dios, que resulta muy elevado para
su capacidad de dar amor. El enemigo es todo aquel que disienta de su voluntad
y la aniquilación es la única forma de imponer sus ideales.
Pero tienen virtudes, por eso tal vez eras comunista. Eres un gran
paciente en los escenarios de la vida y aguardas con mucha cautela los fracasos
externos para determinar la estocada de tu acción.
Ser comunista es fácil porque no requiere gran esfuerzo, ni siquiera el
esfuerzo de pensar. Para ser parte de sus filas, solo debes obedecer, no tener
bienes materiales y carecer de sentido crítico. Ya el líder te da las ideas y
tú lo que debes hacer es repetirlas tantas veces como las vísceras te permitan.
Tu alimento estará supeditado a una rígida dieta, porque ser comunista implica
no sufrir obesidad, salvo para aquellos “camaradas” que dirigen los ideales del
maestro y, con ello, merecen ser premiados por su fe.
Cuando eras comunista, el silencio se volvió plegaria y la mediocridad
fue la mejor herramienta del ser en su desarrollo personal. Jugaste a ser Dios
y creaste miles de géneros biológicos para confundir la psique del silente. Una
verdad que no permite la realidad es una verdad que se manipula según el
escenario deseado por todo el proceso intrínseco de transformación social.
Smith, Ricardo, Schumpeter son los enemigos públicos número uno, y los
ideales (hasta utópicos) de Milton Friedman lo hacen un animal devorador del
proletariado que clama por un salvador hecho hombre.
De Keynes sería complicado posicionarse, porque al parecer aportó a ambos
bloques y su capacidad para salvar el capitalismo a través de medidas
socialistas nos enseñó el Kybalión de los complementos en la energía de la
sociedad. Parece curioso que el enemigo del socialista deba sobrevivir y
prevalecer para que esto cobre algún sentido. Con esto no quiero decir que la
contraparte sea un santo en su forma de dominación social, pero recurro al
hecho de que, cuando eras comunista, solo añorabas ser víctima del enemigo para
lograr que tu propósito personal cobrara algún sentido.
¿Quién no ha sido comunista? Si todos son manipulados por las ideas del
mismo sistema, si la necesidad del burgués está alineada con la necesidad del
proletario, si el capitalista muestra dejos de bondad y las medidas de
explotación son ejecutadas de forma eficiente y leal por tu amigo comunista.
Cuando eras comunista, la brutalidad de tus acciones era tan predecible
que eres el mejor amigo del poder. No acabarás con la pobreza de forma directa,
porque te alimentas de ella para mantenerte constante.
No es culpa de Marx que seas comunista, porque al final es su idea y eso
no te obliga a serlo. Eres comunista porque tienes necesidad de la extinción,
buscando que tu fase sea la elevación del capitalismo de estado a una forma
violenta de malestar general.
“Quiero, comunista, que te pongas a pensar y, por un momento,
solo te atrevas a explicar si el comunismo es el camino que lleva a la
redención. ¿Por que, amigo comunista, no practicas tu oración?”
Econ. Víctor Pérez



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